El Asesino olvidadizo IV
El agua moja, el fuego quema, yo mato gente
Ted Bundy
Dejé la siguiente visita para el día siguiente y así poder , puess…, un momento.
Sí, ahora sí: comienzo de nuevo.
Dejé la siguiente visita para el día siguiente y así poder anotar mis conclusiones a parte de grabar lo que la visita dio de si. También estuve rumiando que como noté que , esto… que tenía más espacios en blanco, pensé en ponerme un micro y grabar directamente las conversaciones, para que nada se perdiera porque no podía confiar del todo en mi mente. Así tendría todas las conversaciones para poder repasar y podría relatar las conversaciones más fielmente si procedía, claro. Lo que transcribo en esta grabación y en las ulteriores es una copia fiel de lo que pasó, eliminando lo que he considerado que no es necesario.
Paso pues a dejar constancia de los hechos acaecidos en la visita a la vecina del segundo A. Creo que esto lo he dicho ya ¿no? No lo sé, pero bueno, allá va.
Como la vez anterior, me lleve mi estatuilla del ángel como obsequio a mi nueva vecina.
Llamé como seis veces antes de que la puerta se abriera.
—¿Si ? ¿ Que quiere? —dijo una joven en bata, cerrándola con un la mano que tenía libre , o por lo menos intentándolo.
En mi profesión es cosa mal vista quedar fijamente mirando a algún sospechoso, pero en este preciso instante, había mucho del sospechoso que ver.
—Hola, soy en nuevo inquilino del …
—Pase, pase , ¡que divino! Cierre la puerta y vaya al salón, voy en un momentín — me expetó mientras desaparecía por el corredor.
Fui al comedor y me quedé observando el mobiliario.
Había trípodes para colocar el móvil y círculos de luz, por todas partes había ropa, en la mesa, en el suelo, colgadas de las puertas… para sentarse, solo veía dos puff enormes a un lado. Los miré con preocupación contenida, a sabiendas de que esas cosas las cargaba el diablo.
Cuando la joven volvió estaba envuelta en un kimono. Se la veía deliciosa.
—Siéntese a a mi lado, ¿ quiere un té orgánico de menta y flores? —dijo mientras se sentaba en el puff, tal y como temía.
Procedí a la operación de sentarme en el asiento del demonio, poquito a poco, haciendo equilibrios para:
1. Que no se me cayera la figura.
2. No hacer mucho el ridículo en el proceso de sentarme.
No quiero dejar nada por contar, por lo que tengo que decir que una vez sentado, medité con aprehensión en la maniobra inversa, o sea, levantarse de ese dichoso puff de la manera más digna posible.
—No gracias, solo he venido ha presentarme y dejarle este pequeño presente— la contesté mientras le ofrecía la estatuilla.
—Pero que atento y caballero.
Mientras colocaba la estatuilla al lado suyo en el suelo no pude dejar de fijarme en que el kimono tenía un punto canalla que dejaba a mi vista lo que en principio tenía que ocultar. Noté un calor harto inusual en mi cara, con sinceridad tengo que decir que no lo había sentido desde mis años mozos.
Sí, me temo que a pesar de mi profesionalidad y mis años en este negocio, me sonrojé.
—Me ha dicho mi tita que es usted un anticuario retirado.
—¿Su tita?
— Sí, Adela; Adela Orriega. Mi nombre de guerra es Carola Torres Macwen porque queda bien, con flow para las redes, pero mi nombre verdadero es Carola Orriega Pérez.
—Entiendo.
—Que sepas que aquí las noticias vuelan, perdona que te tutee pero ya que somos vecinos…
—Sin problema…
—Perdón por el desorden —dijo haciendo un gesto con brazo que abarcaba el salón—, pero acaba de filmar cuando has llamado a la puerta, por eso he podido abrirte.
Si hay alguna voz que puede compararse a un ronroneo de gato, puedo decir que sin duda alguna era la de ella. Se movía de tal manera que parecía que el dragón que tenía estampado en el kimono tuviera vida propia.
—No se preocupe y perdone mi intromisión, no sabía que…
—Ya bueno, es un trabajo esclavo, no se crea.
Me miró de arriba abajo y puedo deducir lo que vio:
Un varón en la media edad tardía, luchando por no parecer ridículo haciendo malabarismos para no caerse de ese asiento creado, con toda probabilidad, por el maligno.
—Así que por lo que veo trabajas en algo relacionado con moda.
—Sí, está mal que yo lo diga pero soy influencer de moda alternativa para veganos.
He de decir que la miré sin comprender.
—Bueno —dijo sonriendo poniendo una cara una expresión de «te lo explicaremos despacito para que lo entiendes, viejete»,mientras se echaba hacia atrás en el puff y miraba un momento al techo—, busqué el nicho comercial que no estuviera copado en la actualidad y después de realizar un estudio de mercado exhaus… profundo, llegué a la conclusión que nadie se había fijado en los veganos, y una cosa llevó a la otra.
También me contó que a parte de la moda, regentaba junto con una compañera de instituto, un centro online de curación holística orientado a erradicación de la ansiedad por medio de colocar —de modo estratégico—, minerales por el cuerpo amen de cánticos de mantras acompañados de golpes de cuencos tibetanos.
Me hizo un demostración de lo último. Fue todo un espectáculo, tengo que decir que estuve tentado poner aquí el dúo que nos marcamos de mantras, mientras ella golpeaba los cuencos tibetanos y el kimono se abría para revelar esas cosas de mujeres. Maravilloso.
Después de rechazar amablemente por cuarta vez su té de menta con flores y aderezado cual terrón de azúcar con un cuarzo en el fondo, me levanté primero rodando acto seguido gateando y por último levantándome de ese infernal asiento con la poca dignidad que me quedaba y que mi papel exigía.
Ya en mi piso, puse otro Pos-it para la próxima visita, con instrucciones detalladas.
Cargador no. Grabador. Ese es grabador. No sé a qué viene esto.
También he anotado de acuerdo a las instrucciones mis conclusiones, que no se donde están, pero recuerdo que eran de una agudeza profunda, propias de mis años de experiencia, lástima de pérdida.
Eso es.
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