El Asesino olvidadizo III

 Me gustan los niños, son sabrosos.

Albert Fish.


Paso a dejar constancia de los hechos acaecidos durante la visita que realicé a mis vecinos del primero, según el Post-it que me puse ayer y que me indica que grabe lo acaecido en esa visita y confirme que lo he grabado, porque he puesto un sí muy grande para que pueda verlo, para que no se me olvide. Para eso.

Esperé a una hora en la que las visitas no fueran mal vistas. Me llevé conmigo una pequeña figura de  un ángel  que compré en una tienda de antigüedades de la ciudad como presente.

El timbre de la puerta sonó, solemne, sin prisas.

Abrió la puerta un hombre que debía rondar los setenta otoños, con una sonrisa que podría catalogarse de etiqueta, de esas que insinúan que saben que existes, que te consideran persona pero que están a la espera de que lo corrobores con con tu actitud.

—No me diga más joven, es usted el nuevo inquilino, pase pase — dijo el hombre echándose a un lado y cerrado la puerta detrás mío—, conociendo sus referencias, estábamos seguros que haría una visita de cortesía.

Me condujo al salón de la casa, donde una pareja de ancianos estaban sentados en sendas sillas de ruedas y me invitó a sentarme en un sillón enfrente de ellos. 

— Les he traído una fruslería, un detalle. Una figura de un ángel de finales del siglo diecinueve, del taller del insigne Ferralta— dije dirigiéndome al anciano de  la silla de ruedas, que no dejaba de agarrar la manta a cuadros que le envolvía las piernas.

— las costillitas con carne están casi a  punto, je, je.— dijo  y con una  sonrisa picarona me guiño un ojo.

La anciana le dio un pequeño golpe en el hombro.

— Siempre pensando el sexo, viejo ajqueroso.

— Discúlpelos querido, siempre se alteran cuando recibimos visitas —dijo una mujer, atravesando una puerta que estaba detrás de los ancianos—, que detalle tan fantástico, nada menos que del mismísimo taller de Ferralta. Amancia por favor, ponlo en el aparador  que de Braulio no me fío.

La figura fue deposita en el regazo de la anciana.

— Chi señora Aurora.

Y empezó a maniobrar la silla de ruedas para darle la vuelta.

Un poquito hacia adelante,

Pi pi pi pi 

un poquito hacia detrás, 

un poquito hacía adelante,

Pi pi pi pi 

 un poquito…

El hombre de la sonrisa, que se había sentado a mi derecha en el sillón se dirigió a mí:

— Creo joven que se merece una explicación, porque creo que ha habido una confusión

— Yo pensé…

— ¡Oh Querido ! Tranquilo — dijo la mujer sentándose a mi otro lado, apoyando una mano en mi rodilla—, tiene una explicación simple.

Entre los dos me explicaron que su familia — los Orriega—, proceden del norte del país y cuando se trasladaron a la capital, se trajeron a su servicio. Era habitual en las familias del norte tener un servicio que prácticamente eran de la familia. Bueno , una familia de tercera división y con el privilegio de servir a los amos.

— Y claro,  cuando mis padres murieron, Braulio y Amancia siguieron con nosotros. En realidad, ellos eran lo más cercano a unos abuelos dado que me en la práctica querido, nos criaron a mi y a mis hermanos, ya fallecidos los pobres— concluyó la mujer con los ojos vidriosos y con un pequeño atisbo de lágrimas en los ojos.

Mientras tanto, la anciana ya había dejado el ángel en el aparador y procedía a volver al lado de su marido.


Un poquito hacia adelante,

Pi pi pi pi 

un poquito hacia detrás, 

un poquito hacía adelante,

Pi pi pi pi 

 un poquito…


— Tienen ustedes un corazón de oro.

— Nada de eso joven, no hacemos nada que ellos no hubieran hecho antes por la familia de mi mujer — dijo el hombre sonriendo mientras se levantaban al unísono del sillón.

Comprendí que la visita terminó.

— En cualquier caso, si necesitan algo, que sepan que no suelo estar mucho tiempo fuera y estaré encantado de recibirles

— las patatitas bien asaditas y doraditas, je, je — dijo el anciano levantando las cejas repetidamente  y ladeando la cabeza.

— ¡Pervertido! — protesto la anciana que ya había vuelto a su lado.


Volví a mi piso y después de mirar el Post-it , procedí a grabar este encuentro, añadiendo otro, para mi próxima visita.

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