El Asesino Olvidadizo II

 Si quisiera empezar a matar, no quedaría ni uno solo de ustedes.

Charles Manson


Pensé en continuar con el procedimiento que realizo en mis trabajos: un reconocimiento no intrusivo del objetivo. 

En mi mundo se traduce en recopilar toda la información posible  sin que el sujeto investigado perciba que está siendo observado e investigado. Esta fase es la primera y la considero fundamental para un principio de  planificación rigurosa de cara a la fase crítica; la de ejecución del plan.

Como yo solo tenía el dato de la dirección me dirigí a la misma para  conocer el entorno en el cual iba a desarrollarse todo el drama que siempre es el resultado de mi trabajo. 

Lo miré de arriba, abajo y aproveché la oportunidad de que un cartero comercial salía del inmueble para colarme e indagar un poco más. Por los buzones pude averiguar que cada planta tenía dos pisos, así que cuatro como máximo eran los vecinos que debían morar en el edificio.

El portal era amplio, con sillones, mesa de espera, un mostrador donde debería haber un portero,  un ascensor al fondo y en una esquina una puerta que de seguro era la casa del portero que para mi suerte estaba ausente en este momento y que explicaba por qué el cartero comercial podía haber traspasado el umbral del portal. Pasé los dedos por los sillones  y noté el inconfundible tacto del cuero auténtico. El edifico olía a dinero viejo de ese que acompaña a generaciones de familias acostumbradas a no darlo importancia, a saber que está ahí porque debe de estar ahí, siempre estuvo , está y estará, sin más.

La siguiente fase del reconocimiento es, como no puede ser de otra forma, recabar información de los moradores del edificio.

Aquí estuve dudando entre mantener la distancia o entrar en contacto con los posibles objetivos. Lo que me ayudo a decidirme es que un cartel de «se alquila, razón portería» presidía el centro del mostrador del portal, este echo además rebajaba el número de vecinos máximos a tres. Ni vacilé en ponerme en contacto con el rentista y  después de un proceso de selección en el que puse a prueba mi tapadera de respetable anticuario retirado, pude alquilarlo. 

Una ocasión de este tipo en mi oficio no se presenta a menudo y desde luego siempre hay que aprovechar las ventajas que se presentan de acortar los tiempos del encargo. 

No hay que olvidar que este oficio es mayoritariamente copado por autónomos con clientes que satisfacer y facturas que pagar. En mi caso y por las razones que expuse al principio, tenia una acuciante emergencia de acortar tiempos, antes de que se me olvidara del nombre de eso que se usa para la mantequilla…, bueno ya me acordaré luego.

Voy a obviar los métodos que lleve a cabo para recabar la información de los vecinos; no te voy a mentir, no lo apunté,  no me acuerdo y no voy a volver a hablar del tema. Así que sin dilación, paso a comentar lo que averigüe de los  inquilinos del inmueble:

Una pareja de ancianos, que vivían en el primero y  por tanto eran mis compañeros de planta. De familia de industriales de toda la vida, de esas familias que tenían el dinero como maldición. Propietarios del inmueble, vivían con una pareja de servicio.

En la segunda planta vivía una presentadora de un conocido programa de salseo y  una pareja de homosexuales que por lo que pude averiguar, vivían de las rentas de uno de los dos. 

La siguiente fase de planificación, siempre es toma de contacto con el objetivo. Esta es una fase intrusiva directa, es un fase donde se deja rastro y  puede llegar a alertarlo. Esto desde luego no es necesario en el caso de un disparo a distancia. Yo nunca he sido partidario de esa linea de acción por parecerme impersonal y poco, podríamos decirlo «artesanal». Con ello no critico a mis compañeros que utilizan esta técnica, bastante utilizada por la sangre joven del oficio, solo quiero dejar constancia que no es mi estilo.

Para realizar esta fase es por tanto importante meterse en un papel, un personaje que puede interactuar con su entorno y con el objetivo— u objetivos en mi caso—, sin levantar suspicacias y más importante en mi caso, como residente del inmueble donde habita el objeto principal de mi contrato.

Aunque ya lo había utilizado en trabajos anteriores, me preparé minuciosamente el papel de anticuario retirado. Utilizado ya en trabajos anteriores es de mi parecer que no hay que dejar de practicar para acomodar  el personaje como un segunda piel: aspecto, peinado, ropa, gestos… para estos casos, nada mejor que un espejo para acomodarlos, así como postura corporal y un mucho de teatro y picardía.

No sé por qué, pero tengo la sensación de que ese hubiera sido el oficio que hubiera desarrollado si no me hubiera decantado por este oficio.

Un anticuario retirado que se dedica pasear y de vez en cuando,  pues eso, hacer cosas de esas que hace un anticuario  que se retira, esas cosas, ya sabéis.

 Decidí empezar con  los vecinos de mi planta, o sea que con la pareja  de ancianos que vivía con su servicio.

Necesitaba encontrar algo que pudiera ser una causa razonable para que uno de los dos o, los dos en caso de duda, fueran mi  objetivo.




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