UNA TRAGEDIA EN TRES ACORDES DE SOL MAYOR (SOL MAYOR) I
SOL MAYOR
No hay nada más odioso que la música sin significado oculto
Frédéric Chopin (1810-1849)
—Haydioshaydioshaydiossss.
—Tranquila gordi tranquila, tenemos que pensar —dijo José cogiéndola la cara con las dos manos y acercándose a ella.
Los cuerpos de los vecinos les miraban con expresión vacía desde el suelo del ascensor. Carmen los miraba aterrada.
—¿Pero que iba a hacer? Si la muy puta se hubiera callado —dijo soltándose y mientras daba una patada en las costillas del cuerpo inerte de la vecina.
—Venga va nena, inspirar expirar, un dos, vengavengavenga que podemos joder. A ver estamos en el sótano, aquí está cerca nuestro trastero y son las tres de la mañana.
Después de mirar que no había nadie en trayecto, utilizaron los carros de la compra robados que utilizaba la comunidad para subir la compra para transportar los cuerpos hasta el trastero.
—Vale gordi, aquí —dijo José mientras cerraba el trastero— los dejamos, ahora nos vamos a casa, nos serenamos y vemos que hacemos.
—Que lio cari, en que puto lio nos han metido estos dos anormales por dios.
Subieron a casa cerraron la puerta con llave y José comprobó por la mirilla si alguien les había seguido.
—No he visto a nadie, desde luego no han subido a fisgar, la cosa es que vamos a hacer ahora.
—Ahora mismo no puedo pensar, lo que me hemos hecho por dios por dios.
—Y mira que la noche pintaba bien, me cago en la puta que nos han arruinao la vida…
La hermana de Carmen insistió en quedar para cenar ese viernes porque quería presentarles a su nueva pareja. La noche no estuvo mal, aunque al principio se notó demasiado la encerrona que habían preparado al chico para presentarle oficialmente a la familia. En el transcurrir de la noche la cosa se fue relajando y se puede decir que el chico pasó con notable el examen de la hermana y suegros.
Volvieron a casa comentado los pormenores de la cena, Carmen resaltó lo serio y educado que era el chico, que claro, que se notaba que era policía nacional y que tenía pinta de persona que le gustaba el compromiso y que seguro que en poco les hacían tíos.
Como sabían que iban a beber fueron en Taxi a la cena por lo que entraron al portal de la urbanización. Mientras esperaban el ascensor que subía de las plantas del parking y trasteros José le hizo un comentario algo picante sobre los usos de las esposas que llevan los policías. Las puerta del ascensor se abrieron.
—Buenas noches —dijo José.
—Buenas noches —Respondieron al unisono.
«Joder, los putos vecinos del cuarto, pero que suerte», pensó Carmen.«Míralos no paran de dar por culo, ni una noche a las tres de la mañana casi, nos libramos de ellos.»
Desde que les dieron el piso, los vecinos de del cuarto siempre fueron un grano en el culo para Carmen y José. Golpes, arrastrar muebles a hora intempestivas, conversaciones de madrugada en voz alta, ladridos de perro, pero sobre todo su actitud de altanería y condescendencia para con ellos habían agotado la paciencia de la pareja. Por no hablar de las niñatas de sus hijas.
Podría achacarse a una casualidad, o a una conjunción de los astros, pero la cosa es que de repente el ascensor que subía lentamente mientras las dos parejas se miraban entre ellas e intentaban no tocarse en modo alguno, se paró y las luces se apagaron.
—Mira que bien un apagón —dijo José—, esperemos que no tarde mucho en volver.
Los murmullos dieron a entender que todos pensaban lo mismo.
Los minutos empezaron a durar lo que duran los minutos cuando estas en compañía que te resulta incomoda y desagradable, los pequeños ruidos de rozamiento y de evitar tocarse se multiplicaban en la oscuridad. José encendió la pantalla de su móvil y después de comprobar que no tenía cobertura utilizó la luz para pulsar el botón de emergencia del ascensor.
—Nada, ni cobertura ni funciona el botón de emergencia.
—Como no bajasteis a la última reunión, pues claro, no os enterasteis que un vecino dijo que no funcionaba y que había que llamar a los de los ascensores —dijo el vecino.
—Es que hay que bajar, que luego pasa lo que pasa —contesto su mujer.
Carmen encendió la linterna del móvil inundando el ascensor de luces y sombras.
—Sí, hay que bajar y también no hacer ruido de madrugada como si se viviera en el campo.
—Mírala la finolis, si querías estar sola haberte ido a un chalet, señora potentada —respondió la vecina.
—Es cuestión de un poco de civismo reina, que a todos nos gusta no ser despertados a las siete de la mañana por una tía que está pegando gritos a sus hijas porque no le gusta las bragas que se van a poner, que no tengo necesidad.
—eheheh, cuidado de como hablas a mi mujer — dijo el vecino dirigiéndose a Carmen.
—Lo mismo te digo hermoso, que ya vale —espetó José.
El silencio reino en el ascensor mientras los claros y oscuros danzaban en el ascensor debido al movimiento del móvil.
El vecino también encendió su móvil para comprobar contrariado que tampoco tenía cobertura.
—Nada nena, tampoco tengo cobertura.
La cara de su mujer, tras comprobar el móvil le indico que ella tampoco y que de facto estaban encerrados con los vecinos de abajo.
Los odio desde el primer momento.
«Que se creían, con sus aires de grandeza, con sus maletas de viaje arriba y abajo, con su música de jazz o clásica… ¿ no se daban cuenta que vivían en un barrio obrero? Y la tía esta, con sus conjuntos de Chanel, ¿de donde demonios los abría sacado? ¿A quién se habría follado mientras el otro tonto estaba trabajando? Y encima cada dos por tres cambiaban de coche los muy payasos y para colmo no me devuelven la ropa que se les queda enganchada en la ropa, tengo que bajar ¡YO! A por ella, la muy zorra cabrona. Y ahora estoy aquí encerrada con ellos con una perra engreída y un soplapollas cornudo».
«Pues no me voy a callar, la tía esta me va a oír», pensó la vecina. «Que se cree esta mierda que no vale ni para tener hijos»
—Pues mira, una cosa te quería decir bonita a ver si nos devuelves la ropa que se cae a tu tendero reina porque ropa que cae no vuelve a aparecer.
—¿Y crees que me quedo con tu mierda de ropa? ¡ja! Lo que tengo que escuchar, ni para trapos quiero tu ropa guapa.
—Oye oye, a mi mujer no la hables así ,cuidao.
—A ver si nos tranquilizamos un poquito y tenemos la fiesta en paz —dijo José.
Trataron de apartarse lo máximo posible en el espacio reducido, del ascensor, desde la penumbra creada por la luz del móvil, el marido murmuró para su mujer:
—Ya hablo el borracho calzonazos tontolaba.
—Y yo me cago en tu puta madre mamón.
El puñetazo directo a la mandíbula de José vino precedido del golpe del móvil en el suelo del ascensor. No fue todo lo potente y certero que pudo ser debido a la falta de espacio en el habitáculo. Los gritos en el ascensor se entremezclaban con los forcejeos y golpes que se propinaban los cuatro entre intervalos de luz y claridad producidos por la errática trayectoria del móvil por el suelo a causa de la trifulca.
En uno de los instantes de oscuridad, sonó un golpe sordo de un cuerpo al caer en el piso de ascensor. Los tres miraron el cuerpo inanimado apoyado en la pared del ascensor, como si se hubiera caído a plomo al sentarse.
—Manuel , Manuel, que te pasa , que te pasa —dijo la vecina zarandeando a su marido. ¡Ay! Que me le han matao, ¡qué me le han matao!.
—Ha sido un accidente, no, no sé que ha pasado —José miraba a Carmen con la cara desfigurada.
— Hijos de puta , os vais a pudrir en la cárcel, asesinos, ¡socorro que me matan! ¡ Qué me matan por dios socorrooooo!
Su cara se descompuso, se llevo una mano en al pecho y emitió una especie de sonido que sono como «¿iicc?» y el silencio se apoderó del habitáculo.
—¿Que ha pasao cari?
—Creo, no sé, creo que le ha dao un chungo a esta —dijo José mientras tocaba el cuello de la vecina—, la virgen.
La luz volvió de repente , sobresaltándolos.
… Decidieron tomarse un café mientras pensaban que hacer a continuación.
Mientras esperaban ver subir el café de la cafetera Italiana Carmen dijo que debían llamar a la policía o al 112 o que sabía ella pero que algo había que hacer, José se negó en redondo , y menos ahora que habían movido los cuerpos al trastero con cuidado de que nadie los viera, que sería muy pero que muy sospechosos, Carmen dijo que lo de la vecina había sido un accidente y del vecino, José pues…
—Pues que quieres que te diga, si el golpe se lo dí, pero vamos tan fuerte como para matar a un hombre pues mira hija, es que no me lo creo , es que de verdad no puedo creer como ha pasado esto —dijo bajando la cabeza.
—Algo tendremos que hacer gordi, algo tendremos que hacer, ahora mismo estoy muy desestabilizada y no respiro correctamente, voy tener que hacer ejercicios de respiración, relax y tranquilidad es lo que nos hace falta ¿quieres leche en el café?
—Con leche de soja por favor, venga, vamos a sentarnos al salón, que se me está descomponiendo el cuerpo.
Una vez sentados cara a cara en los sillones de salón, Carmen miro atentamente a José.
«Lo que le faltaba a mi gordi —pensó— se queda en paro, hipocondría por las nubes y la cosa rara que no le haya dado un ataque de ansiedad o por lo menos no haya sacado el cacharro para medirse la tensión. Para colmo ahora estos dos anormales se empeñan en jodernos la vida.»
—Mira que sabíamos que estos mierdas de una forma u de otra nos iban a joder la vida, pues no estoy dispuesta José, fíjate lo que te digo, no estoy dispuesta a que nos roben los años que nos quedan estos dos.
—Madre mía cari, que los tenemos ahí en el trastero, solitos, con esa cara de de, vacía y y esos cuellos flácidos, ladeaditas las cabezas estaban cuando los hemos dejado, creo que voy vomitar.
Salió corriendo al baño, por el ruido que se produjo, José no llegó a tiempo del todo al servicio.
Cuando volvió con los ojos enrojecidos se dejo caer en el sillón, metió las manos entre las piernas bajando la cabeza para mirar al suelo.
—José, si no queremos acabar en la cárcel y tirar nuestra vida a la basura desde hoy, creo que tendremos que hacer desparecer lo que tenemos en el trastero, yo no quiero ir a la cárcel.
—¿Como?
— Es que de verdad que no veo otra solución.
—¿Entonces , como? ¿Qué pretendes?
— Escucha —dijo Carmen—, tenemos mucho campo alrededor, se me ha ocurrido mientras estabas en el baño…
—Se te ha ocurrido que, qué se te ha ocurrido.
Carmen le agarró el hombro y mirándole a la cara prosiguió:
— … descuartizarlos y aprovechar las caminatas para ir enterrando los trozos por el campo, las vísceras por un lado y lo demás por otro, ala, ya lo he dicho.
La taza de café quedo suspendida en los labios, mientras la cara de José paso de blanco a amarillo y de ahí a un verde sospechoso.
—¿Y se te ha ocurrido a ti sola? ¿Mientras yo estaba en el baño?¿Así, como quién no quiere la cosa?,¿ mientras yo vomitaba y me cagaba has pensado:«mira que bien, vamos y en los ratos libres descuartizamos a los vecinos y después dando un paseito por el campo los enterramos» ¿De verdad?¿ Tú solita lo has pensao? Creo que tengo que ir al baño de nuevo joder- dijo mientras la taza caía al suelo. Tampoco esta vez, llego a tiempo del todo al servicio.
Carmen, se tomo la suya de un trago rápido.
—Y entonces que, que hacemos ahora según tú —dijo José después de volver del baño y sentándose de nuevo en el sillón.
—A ver cari, vamos por partes, lo primero es lo primero, que es como y cuando descuartizarlos sin que nos descubran los vecinos.
—Pues no sé joder, ahora mismo no sé, normalmente no tengo planificado en como descuartizar a los vecinos en los fines de semana, normalmente pienso en cosa raritas, como tomar unas birras y ver el fútbol, o como echar un polvo contigo, es que soy así de raro, que quieres que te diga.
Se quedaron en silencio mientras pensaban.
—Vale José, céntrate por favor te lo pido hostia, que nos estamos jugando nuestra vida. Piensa un poquito conmigo hombre.
—Lo primero seria el como claro, tendríamos que tener algo para hacerlo, una motosierra una radial un machete, algo así no sé.
—Yo creo que deberíamos evita comprar lo que necesitamos, lo digo para no dejar pistas ¿ no crees carí?¿Tenemos algo en el trastero que nos pueda servir?
—Herramientas no tenemos porque no me dejas tenerlas, a bote pronto creo que lo único que tenemos es, déjame pensar, el hacha que trajo tú padre de la finca.
—Sabes porqué no te dejo tener herramientas cortantes —dijo Carmen—, no quiero recordarte lo que pasó cuando pensaste que podías hacer bricolaje como pasatiempo, no quiero volver a lo mismo. Vale, tenemos un hacha que nos podría valer.
—«Tenemos un hacha que nos podría valer», ¿pero te estas oyendo? Que mal cuerpo tengo.
—¿Quieres que llame a la policía y acabamos una vez?— dijo Carmen mientras sacaba el móvil— ¿ les explicas tú porque tenemos dos muertos en el trastero y no hemos dicho nada antes?¿ O lo explico yo como siempre?
José agachó la cabeza mientras Carmen proseguía:
—Vale un hacha, de momento nos tiene que servir , ahora viene la cosa de cuando lo hacemos, a ver es sábado ya por lo que la mayoría de los vecinos no trabajan y es cuando aprovechan los maridos para hacer chapuzas en casa y así quitarse de en medio por lo que el trasiego en los trasteros es mayor, propongo que lo hagamos el domingo de madrugada, cuando todos estén recogiditos en sus casas.
—Ya pero una cosa cari, una cosa, es que estamos en julio y hace calor, que yo no sé mucho de muertos pero creo que eso va a a oler.
—Tienes razón tienes razón ,déjame pensar, algo para que no huelan…
—Tenemos el papel ese que usamos para cubrir los muebles de cuando pintamos la casa.
—Es verdad, nos puede ayudar en el tema de cosas de fluidos de muertos y tal, pero no creo que valga para tapar del todo el olor —José tuvo una arcada mientas la escuchaba—. Que mas tenemos , que más que más, una cosa ¿tiraste los ambientadores de pino que compramos a nuestras sobrinas para el viaje de fin de curso?
—Pues sí, aunque estaba para tirarlos ya.
—Claro claro, ya los ibas a tirar ya. Se me ocurre abrirlos y ponerlos para que no huela eso mucho hasta que los quitemos de ahí.
Decidieron entonces que bajarían a envolver los cuerpos y poner ambientadores.
Planificaron el envolverlos en el papel lo mejor que pudieran y colocar algunos ambientadores por el trastero, tres o cuatro, sugirió José mientras que Carmen pensó que la mejor manera de colocar los cuerpos era sentados apoyados en la pared y que tenían que darse prisa porque los muertos se quedaban rígidos y que luego costaba horrores moverlos y que esto también tendrían que tenerlo en cuenta a la hora de descuartizarlos y que hablando de eso, habría que buscar en Google a ver si había videos o algo para ver como se hacia.
José miraba a Carmen como si no la conociera,«habla como si estuviera planificando una excursión o un viaje de los nuestros», pensó mientras asentía a lo que Carmen iba diciendo.
Ahora sólo les quedaba bajar y realizar lo que acababan de planear, la parte más difícil por supuesto, siempre planear es mas fácil que hacer. Ante la perspectiva de lo que tenían que hacer, José tuvo que ir al baño por tercera vez, cuando salió Carmen estaba abriendo el mueble del salón.
—Creo que tenemos por aquí una botella de Whisky de la cesta de navidad, no tenemos cocacola, un traguito aunque sea a palo seco nos va a venir bien a los dos. Uno sólo y bajamos que al final se nos hace tarde.
Fueron tres vasos y se llevaron la botella con ellos para echarse un trago mientras estaban en la faena. Dando tumbos bajaron al sótano, intentando hacer el menor ruido posible.
Entre los dos y como pudieron, envolvieron los cuerpos en el papel apoyaron contra la pared, después de eso se tomaron un par de tragos más.
—Y ahora, ahoraaa, los ambientadores— dijo José, abriendo con los dientes el envoltorio de un ambientador—, para que todo huela a limpio, c-c-como si no hubiera dos muertos a-a-aquí ¿donde lo pondré?, ¿d-d-donde?
—Creo que los reyesssssss del portal sssse merece unos pendientessss dignosss de ssssu clase.
—Lo has clavado g-g-gordi.
—Choca esssos, esos cinco — balbuceo Carmen.
Acabaron colocando cuatro ambientadores a modo de pendientes, para celebrarlo vaciaron la botella con dos tragos más, cerraron la puerta y se fueron a casa.
FIN DEL PRIMER ACORDE.
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