UNA TRAGEDIA EN TRES ACORDES DE SOL MAYOR (RE MAYOR) III

  En la música es acaso donde el alma se acerca más al gran fin por el que lucha cuando se siente inspirada por el sentimiento poético: la creación de la belleza sobrenatural.

Edgar Allan Poe (1809-1849)


El domingo pasó como en un sueño para José. Fue consciente de que desayunó y comió pero todo ello entre brumas protagonizadas por los aportes de Carmen a su bebida.

No soñó y no se inquietó, solo imágenes sueltas de Carmen abrazando sus rodillas y mirándole fijamente se colaba entre otras inconexas de hachas, ambientadores de pino y por extraño que resultara, tarros de pepinillos en vinagre y botes de mayonesa.  

Cuando se despertó, en un principio no sabía donde estaba, una voz en su mente iba apagándose, disolviéndose poco a poco como un sueño que esta a punto de olvidarse: «se dio la vuelta y le dí en toda la nuca con la herramienta esa, jajaja , le di así: PLASSS , como a los conejos en toda la nuca, que te parece cari, ¿me he portado bien?». 

Se percató de que la comodidad del colchón le era conocida y al centrar la mirada, comprobó que  estaba en su cama, en su habitación, a salvo de todo mal. Miró el reloj y vio que eran las ocho y media de la tarde.

Se quedo tumbado pensando en lo sucedido el viernes. Parecía que hacia de eso años y en realidad solo habían transcurrido horas, en ese lapso de tiempo «toda nuestra vida ha cambiado, nos hemos cargado a tres vecinos, me entero de que voy a ser padre y espérate que Carmen no se la haya ido la mano mientras he estado dormido y tengamos overbooking en el trastero», pensó mientras ponía los pies en el suelo y miraba por la ventana del dormitorio, la luna se erguía por entre los edificios que conformaban la urabanización.

«No estaría mal que todo fuera un sueño, producido por el alcohol de la cena del viernes. Nos despertaríamos y nos echaríamos unas risas Carmen y yo mientras le cuento lo que he soñado. Pero va a ser que no y es que Carmen me está empezando a dar un poco de miedo, como me empiece a mirar como un conejo, salgo huyendo. De verdad que fijación con los putos conejos y de romperlos el craneo a toda costa».

Cuando se sentó en el sillón del comedor, Carmen le comentó lo había sucedido mientras el estaba dormido.

Había ido a por el pan y en la cola de la panadería, Alba la vecina del bajo le comentó que estaba preocupada por Andrés, su vecino de rellano. Que no sabía nada de él  desde ayer cuando le dijo por el patio que se iba a dar una vuelta y que le resulta raro. Carmen le dijo que tampoco le había visto este fin de semana y que a lo mejor se había ido a pescar al pantano del Cijara,  que algunas veces lo hacía y hay quedo la cosa.

— Pero cari, tenemos que pensar que hacemos si esta va contando cosas por ahí.

Le dijo que no se preocupara de momento de eso que ya verían y que por favor no hiciera nada que aumentara el número de inquilinos del trastero, que este tenía un espacio limitado ya bastante reducido por la tasa de ocupación. Carmen le dijo también que se le ocurrió que sería guay tener un equipo de protección de esos como los que veían en la pandemia, uno de esos cono mono blanco, mascaras de protección y guantes y  que como él estaba durmiendo, se había dado un paseo al Leroy Merlín y fíjate que los tenían, así que había comprados dos y que estuviera tranquilo, que lo había comprado en metálico y que se había disfrazado de hombre para pasar desapercibida.

— ¿ Y como has ido entonces?

Carmen le dijo con grandes aires de suficiencia que lo había previsto todo, que salió de la urbanización normal  con una mochila al hombro, y antes de entrar al Leroy, se había puesto una peluca, barba y unas gafas negras, que lo tenía todo mas que controlado.

—A ver si lo entiendo, a si que has entrado en Leroy con la peluca, la barba y las gafas que compramos para la fiesta de hallowen 

—Sep. 

— Y no se te ocurrió cambiarte de ropa, vamos que  entraste con minifalda y camiseta de tirantes tal y como te veo ahora.

—Ya pero nadie se fijo en mí. De hecho evitaban mirarme y todo.

—No claro, los entiendo a la perfección, una entre millones de personas perfectamente normales jajaja —dijo con cara de espanto y un abatimiento general—. En fin yo que quieres que te diga, que la suerte está echada y ala; vamos para adelante, total ya…

— No me seas negativo José. Estamos haciéndolo de cine, que para eso hemos visto series y series de asesinatos. Ahora ya cogemos fuerzas y nos bajamos abajo en breve, que tenemos  trabajo que hacer. 

Cenaron, bueno más bien Carmen cenó; a José no se le abría el apetito y menos viéndola comer a dos carrillos mientras explicaba como más o menos había pensado hacerlo: 

— Como te dije creo  que lo mejor es destriparlos primeramente, para sacar todo  lo blando primero. ¿ Qué te pasa?  Anda, tómate la tila que te he traído, verás como te relaja y te aposenta el estomago, que tienes mala cara cari.

» A lo que iba. Después voto por por primero cortar las cabezas, estoy pensando que podríamos enterrarlas las tres juntas o por separado,  no tengo claro este punto, ¿Qué opinas?

El silencio, la mirada y la cara con motitas verdes respondieron a su pregunta, Carmen prosiguió:

—Vale, lo vamos viendo no te preocupes. Lo siguiente sería creo yo las piernas, que nos van a dar bastante trabajo. Hummm habrá también  que cortarlas a la altura de las rodillas para que quepan en las bolsas de basura, que aunque son extragrandes  no creo que entrasen de una pieza, creo que nos pasaría igual con los brazos…

La mandíbula desencajada de José lo decía todo.

— La cosa es que tengo una duda con los troncos, no sé si partirlos por la mitad para que sean mas manejables o no. No sé, son tantas cosas… —dijo pensativa, mientras escuchaba las incipientes arcadas de José y se metía en la boca un trozo de pollo frito— Luego vendría la cosa de llevarnos las bolsas y enterrarlos en el campo. Pienso que van a ser voluminosas así que he pensado que haríamos como que nos vamos a hacer una ruta a Cercedilla o a Cabañeros, ya sabes; eso lo hacemos de vez en cuando y no es sospechoso. Lo que no sé es como enterrarlos porque no tenemos pala ni cosas así.

—Yo, yo tengo más dudas cari, que esto no es normal de verdad que no.

—Vale ya José. Piensa en tu hijo, que vas a ser padre, ponte los pantalones de una vez y se un hombre joder.

Su respuesta fue irse al servicio. Y no, no le dio tiempo a llegar del todo, aunque lo único  que expulso al mundo fue la tila que acababa de tomar. La bilis le inundo la boca y la vista se le nublo un poco, « esto se nos va de las manos, me duele el brazo y el pecho , ay madre que me da un tabardillo»

— ¿Donde está el Lorazepam? Lo necesito —dijo en voz alta desde el baño.

Carmen oyó que rebuscaba en el cajón de las medicinas.

— Que no te pasa nada, que no te va a dar nada. Te había puesto en la tila dos pastillas pero claro, el niñito de mamá tenía que echarlo todo fuera. Vente aquí, anda, que te doy una pastilla para que te relajes un poco. Hacemos un poquitín de tiempo y bajamos, anda ven  mi niño grande, ven rey que no te va a pasar nada.

Y no le pasó nada.

—Venga, espabila que tenemos que bajar al trastero. —Le zarandeó Carmen para que se espabilara—. Con un poquito de suerte acabamos pronto.

Bajaron al trastero mirando por la mirilla y escuchando con atención para poder coger el ascensor sin que nadie se percatara de ello.

Cuando estuvieron dentro, se pusieron los kit de protección completos que ella había comprado en el Leroy pasando to-tal-men-te desapercibida.

—Al lío que son las doce y media. Empezamos por la reina del portal —dijo Carmen.

Lo que siguió fue un ejercicio de prueba y error,  en la que la primera victima fue su conejillo de indias por lo que tardaron bastante más, al principio ella se quejó de la falta de motivación con la que José acometía el trabajo, le recriminaba no poner alma en el asunto, que no le echaba ganas.

—Venga cari joder, piensa en tu hijo.

Mientras, José por detrás de la visera intentaba no pensar en el horror que sus ojos y su mente se empeñaban en procesar. Cuando dieron las cuatro de la mañana Carmen le puso en la mano en el hombro y le dijo:

—Tienes que mandar un «wassa» a tu jefe diciéndole que no vas a ir a trabajar, que te encuentras pachucho o lo que sea.

—Pachucho, jajaja, esa es cojonuda, jajajaj  — contestó a través de la visera transparente manchada de vísceras— a ver que te parece, le pondré: «hola Luís, que de me encuentro un poquillo pocho, que estaba yo cortando a cachitos a mis vecinos y como que me ha sentado mal la cosa», jajajaja.

—Pero que bobotonto eres cari, anda manda el «wassa» y descansamos un poco.

Terminaron sobre las seis de la madrugada, se quedaron mirando las bolsas de basura que contenían los restos de los vecinos. Carmen con las manos en jarras y la visera colgando de la mano derecha dijo con decisión:

—Y ahora solo queda deshacernos de ellos.

—Menos mal que se terminó esta parte.

—Buenoooo, casi, casi…

José giró lentamente la cabeza para mirar a Carmen a través de la visera.

— ¿Casi, casi?

Carmen inspiró profundamente antes de contestar:

—No te lo quería contar aquí y ahora porque me parece que no estas como centrado, pero mira, mejor las cosas de golpe y así se afrontan todas así, de sopetón.

» Verás, cuando esta tarde cuando estabas dormido pues he bajado la basura más bien para ver como andaba el ambiente en la urbanización y bueno ya sabes, olisquear un poco de como va la cosa. Al volver de los contenedores me he encontrado a varias vecinas del portal que estaban alrededor de —¡oh! Sorpresa, sorpresa— la hija de los de arriba.

—la hija de los de arriba, vale ¿pero no estaba con el novio de camping toda la semana o algo así?

—Exactamente, pero por lo que contaba, ha discutido con el chico y ha vuelto antes. Pues la cosa es que claro al regresar los papis no estaban en casa y que claro, los ha llamado a los móviles y que no la contestan ¿te lo puedes creer?

Una sonrisa burlona cruzó el rostro de Carmen mientras él se estaba quitando con desgana y lentitud la visera del equipo de protección y miraba con expresión ausente las negras bolsas.

—¿Yo? , jajeji. Ni en mil años fíjate. Que de cosas pasan, ja, ja.

— Pues bueno, la cosa es que fue a más y decía que iba a llamar a la policía porque sus padres no eran de los de irse y tener todos los móviles apagados.

» Pensé que esta hija puta nos la liaba. Así que subí  y con la excusa de devolverla el tanga que se le cayó en nuestras cuerdas del patio y asó tranquilizarla. Subí y bueno, intenté apaciguarla y tratar de ganar tiempo para deshacernos de ya sabes tú el que. Pero ella que no, que erre que erre que donde están mis padres, que algo les ha tenido que pasar y yo que tranquila y ella que voy a llamar a la policía y yo que espérate y un poco y ella que para qué, que cuanto antes mejor. Bueno pues yo cari, como que veía que no la convencía y que al final nos llenaba la urba de maderos, así que cuando se dio la vuelta pues pensé en que no podíamos tener ese cabo suelto y se ocurrió repetir lo que hice con el vecino en el parking y la arreé con una candelabro de esos horteras que tienen en el recibidor.

— Y ala, patapum pim pam se acabó, ¡¡jajaja!!

 — Puesss no, se cayó boca abajo sangrando por la nuca pero, la asquerosa iba a empezar a gritar y claro, tenía que evitarlo y no sabía como.

—Claro, menuda situación ¡¡¡jajajaja!!!

—Que quieres, pensaba en nosotros, en nuestro futuro, en nuestra familia. Total que utilicé lo que tenía más a mano, no me preguntes porque no le calce otra hostia con el candelabro, es que me parecía como impersonal, por lo que agarré el tanga, le rodeé el cuello con él, me puse a horcajadas en la espalda y tire con todas mis fuerzas.

» Una cosa te digo, que no es como las pelis cari, que tardó en palmar como cinco minutos o más. Pobrecita se hizo pis y todo cuando todo termino. Daba cosita verla, bueno resumiendo: siguiendo con lo que hicimos con estos, la envolví por si acaso con film trasparente, bajé al sótano para coger ambientadores y se los he colocado. Ahora subimos y la descuartizamos en un pis pas.

— ¡¡¡¡¡JAJAJAJAJAJA!!!!!

Carmen tenía razón, tardaron mucho menos en repartirla en varias bolsas, cuando volvieron a casa, eran las siete y media de la mañana del lunes.

 José no paraba de ir por el piso desnudo y arrastrando los pies y con cara de ido y mascullando palabras que rimaban con ulceras y —por una extraña razón— gargantilla. Tuvo que hacerle una tisana y medio hacerle tragar un par de pastillas para que se tranquilizara.

 Mientras la arrullaba en el sofá con la cabeza entre sus brazos, Carmen le susurraba al oido:

—Tú tranquilo cari, que todo va sobre ruedas, que solo queda deshacernos de ellos y se terminó.

—Si gordi, lo que digas nena— dijo entre suspiros José.

—chisssss, no hables, tranquilo, todo va bien.

Se despertaron pasadas las tres de la tarde, José no comió nada, pero Carmen se preparó una perolada de pasta.

—Cari, es que ahora tengo que comer por dos —dijo mientras se acariciaba la tripa con la mano.

—Si gordi, lo que tu digas mi amor, jejeje.

La figura de José —totalmente hundida en el sillón—, era la viva imagen de la derrota  y la aceptación absoluta de los acontecimientos.

— Joder cari, hostia. La puta reunión de vecinos de portal.  Que es a las siete de la tarde, mierda y  mierda, no podemos empezar a llevar las bolsas al campo, tenemos que ir sí o sí.

— Claro, reunión, portal jajaja pues nada se va y ya vamos viendo si eso jajaja.

—Anda venga, no te pongas mohíno que esto ya lo tenemos finiquitado, ¿Qué emocionante no?

—Que te cagas gordi, no cabe mi alma en mis mismas carnes, jijijiji.


Mientras esperaban la hora de la reunión, Carmen ocupó si tiempo en tomar medidas en la futura habitación del crio o cría;  que a ella le daba igual pero desde luego el color de la habitación iba a ser de color azul y el parque infantil iría a juego con la cuna, ¡pero que cuqui iba a quedar todo! En opinión de Carmen.

José, pues él… la verdad es que él solo estuvo hundido en el sillón, con la mirada perdida y pensando que realmente, pero realmente, lo que le desconcertaba era el devenir del tiempo y porque cojones todavía no han contactado con él los extraterrestres. Tenía muchas esperanzas puestas en que el conserje le revelara de una vez por todas, donde estaba su planeta de origen y como marchaba el plan de conquistar la tierra desde dentro intoxicando a los terrestres con bebidas energéticas de color fucsia putón. Le daba pavor quedarse dormido no fuera a despertarse y Carmen hubiera atado mas cabos sueltos y a la reunión de vecinos del portal solo fueran ellos y tres más, jajajaja.

—Vale, ya hemos esperado los suficiente, vamos con el primer punto de la reunión…

Y así comenzó La junta de vecinos de portal que discurría por los cauces normales.

—Joder José, vaya careto que me traes macho.

Comentó un vecino, José le miró con la cara desencajada y con un leve tic en el ojo izquierdo.

—jajaja, la falta de magnesio que me se seca la junta la trócola y ya si eso la mesana se sale de los acordes de sol mayor y ala se acabó lo que se daba en el tema de la armonía, ejejeje.

—Ya veo ya— contestó mientras se separaba poquito a poco de él.

Como siempre desde que se instalaron en la comunidad, la pareja de ancianos del bajo se quejó de tener que pagar el mantenimiento del ascensor, dado que ellos no lo usaban no veían la razón de pagar lo mismo que el resto de vecinos. Después de los reproches, insultos y explicaciones por todos conocidas, le siguieron los puntos de la reunión relacionados con el asfaltado del parking y la conveniencia o no de cambiar de empresa de mantenimiento.

—Vale y ahora el último punto del día. Como ya sabéis desde hace tiempo varios vecinos de la urbanización de  nuestro portal y creo que también de distintos portales han querido instalar una piscina. El punto va para sondearos en esta cuestión y trasladar a los demás presidentes de los portales el parecer del nuestro, por si se estima incluir este punto  tan conflictivo en la reunión  general de la urbanización o no merece la pena.

El griterío fue brusco, alzándose un mar de voces discordantes.

—¡Eso va a costar una fortuna!

— y además hay que pensar en el mantenimiento  de esa mierda que se utilizará tres meses.

—Más socorrista, vestuarios  y demás cosas que obligan a tener.

—¿ y si no queremos ni la utilizamos?¿Tendremos que pagarla también? —replicó el vejete del bajo.

—!Un poquito de silencio por favor¡, que si no, no acabamos nunca— dijo el presidente levantando los brazos en un intento de apaciguar a los vecinos.

El griterío se fue apagando poco a poco, hasta convertirse en murmullos y al final una especie de silencio se aposento en la reunión.

—Mejor. A ver, por lo que me dicen está todo calculado y solo se necesitaría una pequeña derrama de veinte euros por piso durante tres años y …

Los gritos arreciaron con furor de nuevo.

—¡Una puta mierda voy a pagar yo eso, que se jodan!

—¡Qué se jodan, mano de milenio y gamba! ,¡ piscinuqui pa tos ! juajuajua —exclamaba José mientras daba saltitos de un pie a otro acompañados de palmadas.

—Todos los putos años igual, que ya lo hemos votado creo que van  cuatro años seguidos joder, que ya está bien con lo mismo —Exclamó la chica del segundo C.

— Solo tenéis que pensarlo hostia, que esta revalorizaría el precio de los pisos si luego queréis venderlos.

Dijo el presidente en un intento de que no se le fuera de las manos la reunión.

—Mira Carlos —contestó Carmen alzando su voz por encima de las demás con los brazos cruzados prietamente y mirándolo fijamente—, y os lo digo a todos para que luego no digáis que no lo he avisado. No voy a pagar, no voy gastarme ni un puto euro en algo que luego me va a dar más dolores de cabeza que otra cosa.

»Estoy más que harta de discutir con unos y con otros en verano porque están hasta las tantas en el patio de mierda que tenemos dando la barrila. Así que fíjate lo que pasaría con una piscina más todos los niñatos que viven aquí. Vamos que una mierda voy a patrocinar sus baños nocturnos y mis noches en vela discutiendo con ellos y con sus papás.

—Pues si sale, tendrás que acatarlo que para eso están las normas y los estatutos.

—Que me importa una mierda…

—Jajaja, tú sigue así Carlinchi, jajaja.

—…Lo que se vote coño ya, que estoy harta de votar todos los años lo mismo y siempre sale no, que pasa ¿qué hasta que no salga el sí no se va a parar? ¿O si sale sí después se podrá hacer reuniones para poder votar no?

—Hombre no, si sale sí pues ya se construye y claro ya no hay vuelta atrás claro.

—Ya no hay vuelta atrás —respondió Carmen— claro claro. Se vota cuatro o cinco años que no y seguimos con la matraca pero oyes, que si sale una vez sí pues nada, dicho y hecho y pim pam rantanplan. Pues esa es otra razón por la que no voy pagar una mierda por mucho que salga.

—¡¡¡JAJAJA!!!

—Pues nada, en ese caso se te denunciaría y si la Señora sigue en sus treces lo que sigue sería un embargo por impago y a ver que haces después.

¡¡¡¡JAJAJA!!!!

Carmen, con los labios apretados y frunciendo el ceño, giró la cabeza lentamente para mirar a José.

— Cari, ¿nos quedan ambientadores de pino en el trastero?


 ¡¡¡¡¡JAJAJAJAJAJAJA!!!!!

    

 


¿FIN DEL TERCER ACORDE?



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