UNA TRAGEDIA EN TRES ACORDES DE SOL MAYOR (DO MAYOR) II

DO MAYOR

La música es una armonía agradable para el honor de Dios y las delicias permisibles del alma.

Johann Sebastian Bach (1685-1750)



José se despertó con el olor del pan recién tostado en la air fryer. El olor a café le colapsó las fosas nasales. Carmen estaba dejando en la mesa el plato con huevo revueltos y un par de iboprufenos.

—Buenos días cari, ¿cómo te encuentras?

—Nada bien, aunque —dijo José mientras se incorporaba— bastante mejor de  lo que pensaba para haber dormido en el sofá encogido ¿ y tú?

—Pues primero muy nerviosa, de verdad te lo digo, me he pegado una ducha .y me he puesto a hacer el desayuno mientras despertabas.

Empezaron a desayunar en silencio, cuando llegaron al último sorbo de café Carmen entrelazando los dedos por encima de la taza  dijo:

—¿Y ahora qué? Yo voto primero por buscar información sobre descuartizar cosas, no sé, seguro que hay videos o algo así y después salir fuera y no estar por aquí.

—Ahora  mismo no tengo cuerpo la verdad, deja que haga el efecto del iboprufeno al menos y beba agua a toneladas, un poco de caridad gordi que entre una cosa y otra no me encuentro y no sé como me va a sentar el desayuno después de de …

Esta vez sí llego a tiempo al baño.

Mientras Carmen escuchaba los sonidos de agonía en el baño, encendió el portátil de José entre sus piernas cruzadas en el sofá.

—¿Qué estás haciendo que estás tan callada? - gritó José desde el baño.

— Buscando información por internet sobre como descuartizar personas… 

—¡Callacallacalla!

Apareció corriendo en el salón con la cara descompuesta.

—Tendremos que saber más o menos como hacerlo ¿no? Un video o algo habrá, digo yo.

—Pero Carmen por dios bendito, ¿pero tú que te crees tía? Y además que la policía seguro que esta vigilado ahí todo el rato, que nos van a pillar, es como poner «como suicidarse», verás, ponlo a ver que te sale.

Introdujo esa búsqueda y levantando la mirada dijo:

—Hostia, que te lleva al teléfono de la esperanza y cosas así, que cosas.

—Te he dicho muchas veces que nos controlan, que saben lo que hacemos, por eso instalé el navegador ese que te dije de la cebolla.

— aaaaaa, ese que usamos cuando buscamos juguetitos— dijo María sonriendo— vale, vale. En cualquier caso creo que la cosa es empezar y ya , fíjate que me viene a la memoria cuando mis padres compraban conejos en el pueblo y tenían que despellejarlos y trocearlos…

— Joder Carmen.

-… acompañaba a mi madre a casa del manguera, le enseñaban los conejos, ella los escogía y ¡Pumba! Golpetazo contra el suelo…

— Pero que bestias por dios.

—… Después en casa mi padre sujetaba al conejo y mi madre le daba cortes y la quitaba la piel, a mi esa parte me parecía interesante. Luego los destripaba, les quitaban los ojos y los  descuartizaban.

— Creo que voy a echar hasta la primera papilla— dijo José volviendo al baño.

« Lo que si me acuerdo es el olor», pensó.« Ese olor  tan asqueroso que impregnaba la habitación cuando madre cogía el cuchillo y de un tajo de arriba abajo, destripaba al conejo, ¡y como se desparramaban las vísceras mientras el cuchillo bajaba!… En cualquier caso, veremos si hace falta hacerlo con estos dos mamones, todo es ir viéndolo digo yo».

—Carmen por favor déjalo ya —suplicó José mientras se sentaba en el sillón al lado de Carmen—, de verdad que me estás asustando mucho y todo esto me da mucho asco.

—Vaaale, venga que nosotros podemos, más o menos será como a los conejos pero con hacha. Esperamos hasta las dos de la mañana del domingo, y bajamos al trastero, si te parece bien claro.

—De acuerdo, pero esta vez nada de alcohol por favor, esta vez un poco de Lorazepam y ya. Que ya no puedo más gordi.

-Así que naturalidad José, date una buena ducha y vamos a comprar como hacemos los sábados.

La compra fue como todos los sábados, un acto penoso para José. Mientras recorrían pasillo tras pasillo del supermercado, todavía con mal cuerpo y la cabeza pesada por la noche anterior, le llegaron los recuerdos de lo sucedido el día anterior.

«Pero para que coño yo tuve que golpear al tiparraco este joder, tenía que haberme  actuado como sino hubiera escuchado nada, pero no, yo no. Tuve que hacerme el gallito, tuve que golpearle, tuve que seguir y seguir y a esos gilipollas les da por morirse. Hay dios la que hemos liao, yo no sé pero creo que me cuesta respirar un poquillo, como que me falta aire y me sudan las manos joder…»

« Tendremos que ir con cuidado cuando vayamos a descuartizarlos, lo suyo es que lo acabemos esa misma noche y ya empezar a llevarlos al campo al otro día, que sería el martes de madrugada claro »,pensaba Carmen.

«… y me duele un poco el pecho, madre mía madre mía que me esta dando un ataque de infarto , ay dios tengo que salir de aquí»

—Gordi, creo que me encuentro muy malito , creo que me está dando algo…

—Tranquilo y respira que ya sabes lo que es. Has bebido mucho y también tenemos el problemilla de ayer, anda toma  —dijo Carmen mientras ponía una pastilla en la mano de José— este lorazepam anda, y vamos a andar un poquito.

«Ha tardado poco», pensó mirándole desde unos pasos atrás de él. «Si ya me lo decía mi madre que era muy blandito, pobrecito mío. Y mira que es un tiarron con ese porte que tiene. Alto, musculado con un pelazo que es la envidia de las chicas de yoga. Y mira que carita tiene, pero nada todo lo que tiene de guapo lo tiene de…»

—Creo, creo que necesito parar un poquillo  cari, que yo no me encuentro bien — dijo José interrumpiendo el hilo de sus pensamientos.

—Vamos  a sentarnos en el banco anda, y cuéntate algo, háblame un poquito.

José se sentó en el banco intentando mantener la cabeza estirada, «porque así la garganta no se cierra y se respira mejor».

—Pues que quieres Carmen, que estoy muy preocupado, que tenemos un marrón muy grande, que estos cabrones se han muerto para jodernos la vida, que ahora que íbamos un poco desahogados mira lo que pasa, que se nos mueren los putos vecinos.

—Hombre a ver, que algo tuviste que ver en lo del Antonio…

José la miraba aterrorizado.

—Joderjoderjoder Carmen, no me jodas por favor.

—Todo lo que tenemos que hacer es estar tranquilos, nadie nos vio, nadie oyó nada José, así que calma no permitamos que estos cabrones nos jodan la vida. Que ya nos la jodían pero bien cuando estaban vivos, venga, compórtate como un hombre, vamos a estar aquí un ratito a ver si te hace efecto la pastilla y nos volvemos a casa.

Estuvieron lo justo para que la magia de las pastillas hiciera su efecto y volvieron a casa.

«Y yo cuando  la conocí era una chica callada  e introvertida, incapaz de elevar el tono de voz en ninguna circunstancia», pensaba José mientras se dejaba llevar por el placentero abrazo del lorazepam.«Pequeñita y con curvas. Me encantó su seriedad, muy diferente a mí, pero no la reconozco. Si que es verdad que ella siempre ha defendido sus opiniones aunque choque frontalmente con los demás, no da un paso atrás cuando piensa que tiene razón o se esta cometiendo una injusticia. Pero no sé, no la reconozco de verdad que no. Tiene una mirada… tiene una mirada como si en el fondo esto la encantara, como si, como si de algún modo esto le haya dado un aliciente que le estaba faltando. Quizás son cosas mías pero me esta dando miedito. Si ya me decía mi madre que era una bruja.»

Aparcaron en el parking. José fue a por el carrito para sacar las bolsas y subirlas a casa.

Cuando José volvió con el carro, Carmen estaba con la espalda apoyada en el coche y comiendo un donuts de chocolate.

—Perdona gordi, pero no tenía la llave de la habitación del carro así que he tenido que ir casa, buscarla porque no estaba donde la dejé, ir al baño porque no aguantaba más  y después he ido a por él. No te he mandado  un «wasa» porque no tienes cobertura aquí.

— Ya, bueno. Pues mientras no estabas han pasado cositas por aquí…

—¿De qué hablas?¿Qué ha pasado? —Dijo mirándola. 

Carmen se metió otro trozo de donuts en la boca y dijo con la boca llena:

—No te va a gustar cari… 

Con gestos de la cabeza indicaba la parte lateral de la plaza de garaje, la que daba con la pared.

—¿Pero qué…?

—Tú mira. 

Se dirigió a la parte lateral del coche y su mirada se clavo en el suelo, de su garganta salió una voz medio suplicante medio agonizante mientras se deslizaba por la pared al suelo:

—Ay madre, pero que coño ha pasado aquí.

Carmen se sentó a su lado mientras se chupaba los dedos para limpiárselos de chocolate.

— Es que te vas a reír cari, pero antes  tómate otro Lorazepam anda, que te va a hacer  mucho bien. Venga va,  que no pasa nada porque te tomes otro, no me seas angustias. Así, muy bien debajo de lengua, pues verás…

«Estaba esperándote a que llegaras con el carrito de compra cuando el vecino del bajo ha entrado en el parking, yo la verdad es que me encogí un poco para que no me viera pero no , el tío vino derecho y me dijo: «buenos días vecina , que calor ¿eh?», y me contó que ayer por la noche hacía tanto calor que no podía dormir y que —verás qué cosas—, se bajó al trastero para subirse un ventilador para poder dormir. En total que va y me dice que estando en el trastero creyó oír risas, golpes y conversaciones raras que «parecían salir de nuestro armario, algo sobre reina del portal y donde colocar unos  ambientadores o algo así». Y cari, me miraba de una forma rara, sobre todo el escote.

«Mientras me hablaba, pues que quieres que te diga, por la mente se me pasaban muchas cosas, que si lo sabía y quería algo o que si sólo era otras de sus historias, ya sabes,  por lo sólo que está desde que se fueron sus hijos y su mujer falleció. A todo esto como mientras me hablaba estaba sacando las bolsas del coche para cerrarlo, vi la llave que utilizaste hace un mes para cambiar la rueda que se nos pinchó y que te he dicho muchas veces que tenías que guardarla en su sitio, ¿sabes cuál te digo no?.

José asentía con un creciente horror en su cara, suavizado por los efectos de la pastilla.

—Así que carí, yo me dije que de perdidos al rio y que donde caben dos caben tres…

—¿Y?  

—…Pues que  le dije : «anda, por hay viene José», se dio la vuelta y le dí en toda la nuca con la herramienta esa, se desplomó y aquí estamos.

Puso una mano en la rodilla de José:

—Mira, tú tranquilo, estamos cerquita del trastero y tenemos suerte porque no hay nadie, tenemos el carrito, bolsas y si lo necesitamos manta de viaje en el maletero para cubrirlo, además el vecino es pequeñin así que: lo metemos en el carrito y lo llevamos al trastero, nos vamos a comer tranquilamente y seguimos con el plan.

— …Y seguimos con el plan. Pues claro que si gordi es lo más lógico, si es lo que estaba pensado en cuanto lo he visto, si es lo más normal jajaja.

Llevaron al vecino al trastero e hicieron lo mismo que con los otros dos.

José miró pensativo con la cabeza inclinada al nuevo inquilino del trastero mayormente forrado con papel, apoyado en la pared al lado de los otros dos.

—Venga, y los ambientadores en las orejas , pa que no se sienta infravalorado, jajaja.

Carmen le dejo hacer, «si hay alguien que necesita desahogarse un poquito es mi cari», pensó mientras le ayudaba a abrir los ambientadores porque José no atinaba.

Subieron a casa y José se quedo tumbado en el sofá, hundiéndose en un sueño profundo patrocinado por el Lorazepam…

Se despertó  con ese globo que te deja el ansiolítico y entre brumas pudo ver en su reloj que eran las siete de la tarde, giró la cabeza a la izquierda y enfocando la mirada pudo ver a Carmen que desde el suelo, con los brazos abrazándose las rodillas le observaba pensativa. 

—Que tal, ¿has descansado? No te he querido despertar para comer. Te  he dejado preparado una tortilla y hay tomate frito Orlando para que la hundas en él.

José se incorporó y se quedaron mirándose a los ojos.

—No habrá pasado algo nuevo que me tengas que contar.

El silencio duro apenas unos segundos.

—Bueeeeno….

El suspiro de José retumbo por todo el salón.

—De verdad, de verdad Carmen, que nos vamos a quedar sin vecinos.

—Que no tonto, siéntate en la mesa, come y te voy contando.¿ Te acuerdas de hace tres meses cunado fuimos a Cuenca? Lo que nos reímos con el chistecito, y lo bien que lo pasamos esos tres días.

—Si que me acuerdo si , que picaruela.-Mirándola con ojos cargados de intención.

—Pues que nada, que lo hicimos demasiado bien cari.

—¿Qué quieres decir?

—Que vas a ser papi.

Se quedo parado con el tenedor en la boca, pensó que después de tanto tiempo había que joderse que fuera justamente ahora cuando se quedara preñada, que parecía que de existir  un Dios se estaba ahora mismo riéndose a mandíbula abierta de ellos ahora mismo. Y el puto infierno estaría dando palmas con las orejas.

— Que alegría gordi, madre mía, ¡vamos a ser padres! —Las lágrimas le surcaban las mejilla y una risa histérica le surgía mientras abrazaba a Carmen con espasmos cortos e intensos.

Pasaron lo que quedaba de tarde y noche hablando sobre el futuro, de si sería niño o niña de que habitación sería la más conveniente… En este punto se quedaron pensativos por  lo que tenían «ahi abajo» como lo empezaron a llamar.

—Ahora tenemos que ser prudentes cari y borrar todo rastro de lo que ha pasado y ojo;  comportarnos como adultos responsables José. Ya no solo por los dos sino por los tres.

 Carmen preparo unas infusiones  relax para poder dormir, el de José iba «cargad0» por partida doble porque Carmen pensaba que entre una cosa y otra él no podría descansar.

«Vamos  a tener que ir a la farmacia ha comprar más Lorazepam con su tarjeta sanitaria , a este ritmo nos quedamos sin ellas», pensó mientras en la cama le miraba dormirse, «descansa cari que mañana va a ser un día duro para ti. Te necesito entero y  no necesariamente lucido».

El mundo de José se convirtió en una zona cálida y placentera, el último pensamiento lúcido que tuvo fue: «Aydiosaydiosaydios y ahora un churumbel…»


FIN DEL SEGUNDO ACORDE.   

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